Lacrimosa

 



Cuando aprieto los puños siento las durezas en la parte interior de los dedos, como si hubiera estado usando una pala. Pero sé que no es por eso. Aprieto los puños porque es un modo de darme una fuerza que no poseo, un modo de animarme a hacer lo que no quiero hacer. Realmente sí que quiero hacerlo, aunque sé que preciso de una voluntad extrema, algo que nunca he tenido. Siempre he hecho lo que la corriente de la vida me proponía, nunca se me ha ocurrido pararme a pensar. Haz ésto, haz aquello, allá voy, es lo que se espera de mí. Es todo.

Por eso soy un soldado. Por eso lo era. Ahora ya no es lo mismo. Todo se ha detenido de golpe y de pronto veo el mundo como si lo viera por primera vez.

Todos hacemos cosas que no queremos. Para eso nos entrenan, de lo contrario seríamos incapaces. Pero no es eso lo peor. Puedes hacer algo porque estás obedeciendo una orden, pero lo peor es pasar semanas, meses, sintiendo que en cualquier momento, incluso de noche, en medio del reposo, algo puede saltar por los aires. Y no es que me importe mucho morir, pero la sensación de alerta contínua durante tanto tiempo es agotadora. Por eso existen las rotaciones.

Hace ya tiempo, los médicos militares concluyeron que un soldado no puede estar en ambiente de combate durante más de tres meses. Cuando se sobrepasa ese tiempo, su eficiencia baja drásticamente, de pronto se vuelve inconsciente, se arriesga innecesariamente, pierde hasta el instinto de supervivencia. Las drogas no mejoran la situación. Pueden darle sedantes para que duerma, y anfetaminas por la mañana para que esté de nuevo listo para la acción. Pero no funciona. A la larga aparecen las paranoias y los brotes psicóticos. Por eso hay que retirarlo a retaguardia y sustituírlo por otro soldado: una rotación. 

Y aquí estás. Otra rotación. Pero esta vez ya no puedes más. Hasta los médicos militares más estrictos te han dicho que debes volver a casa. Ya te volverán a llamar cuando puedas pasar de nuevo las pruebas.

Y aquí estás. Acercándote a esa casa que es como si la vieras por primera vez, como una casa soñada. Sólo que es la tuya, tu casa, de donde saliste hace ya tánto tiempo siendo otra persona.

No necesitas llamar. Ya están advertidos de tu llegada. Estás ante la puerta. Sueltas tu bolsa de lona. Nunca te ha parecido tán pesada. Y esperas.

Transcurre un rato en que nada sucede. El tiempo detenido, como tántas veces. Oyes el chasquido de la cerradura. Se abre la puerta. Y allí está ella.

Durante un instante piensas en cuál debe ser tu aspecto. Ahora tienes barba y tu pelo es más corto. Estás más delgado. Aunque más fuerte, también más reseco, como si te hubieran puesto la carne en salazón. Tu expresión casi asusta, "la mirada de las 1000 yardas". Tu ropa limpia, demasiado limpia comparada con el uniforme raído que llevabas apenas ayer. No tienes cicatrices, la suerte te ha librado de las heridas. De las heridas físicas, las otras están ahí, escondidas, y saldrán cuando llegue el momento.

La miras. Ella está igual. O a tí te lo parece. Seria, inmóvil, una mano en la puerta y la otra en la cadera; un gesto como de ligero reproche, como si volvieras de una juerga, de una reunión de sábado con tus amigotes.

Te mira, aun seria. Ves sus ojos brillantes, y húmedos. La miras, como pidiendo clemencia. No sabes qué va a pasar ahora. Hay una brecha enorme entre los dos. No sabes si tienes fuerzas para cruzarla. O si ella quiere cruzarla.

Una lágrima aparece en su ojo izquierdo. La aparta con un gesto casi brusco. Y entonces, como un prodigio de esos que suceden tán raramente, sonríe. Te sonríe.

Y sabes que por fin estás en casa.


Lacrimosa dies illa,
qua resurget ex favilla,
iudicandus homo reus,
huic ergo, parce, Deus.
Pie Iesu Domine,
dona eis requiem.
Amen.

(Misa de réquiem, Lacrimosa)


USMC Private Theodore J. Miller is helped aboard a ship after intense combat on
Eniwetok Atoll. (Reddit).
 

2 comentarios:

  1. El poder de una sonrisa.
    Como el pulgar en el circo romano. Como la sentencia que te declara inocente o culpable.
    Después de tanto padecer, una palabra, un leve gesto, es lo que marca la diferencia.

    Da que pensar tu texto. Bueno,como siempre :)

    Saludos.


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    1. Cada decisión que tomamos, hace que el universo se bifurque en dos. Intento retratar ese instante infinitamente breve en que las dos posibilidades están presentes.

      Y de fondo, los desastres de la guerra.

      Saludos. Gracias por la visita.

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